El método Sātī consiste en entrenar la atención a través de la sensación corporal (sentidos y sensación) para desarrollar la capacidad de concentración mediante un esfuerzo, el que nos permite a la vez constatar y conectarnos con nuestras emociones y, en un momento de sensibilidad más profunda, despertar a los sentimientos.

¿En qué consiste?

El Método Sātī

Corresponde, además, a la séptima huella del camino búdico hacia la iluminación, siendo parte fundamental de la práctica de la meditación. En el contexto de la estética y, en conexión con el daoísmo, la entendemos como percepción pura o directa de la realidad, es decir, una sensibilidad que denominamos también, escucha atenta, producto de la pureza de los sentidos, en relación con el silencio alcanzado por la mente-corazón o mente-reflejo, tras el contacto con la naturaleza o a través de un esfuerzo, personal, por concentrar la atención en el aquí y ahora..

¿Qué se aprende?

Se aprende a tomar conciencia del cuerpo, a través de la concentración de la atención en la sensación física - provocada por los sentidos - cuando reciben información externa (el canto de un pájaro, por ejemplo) o interna (latidos del corazón, respiración, entre otras), constatando las emociones o sentimientos vinculados a esa experiencia. Este entrenamiento posibilita la incorporación de la sensibilidad al campo de nuestras habilidades cognitivas, abriendo un espacio a los sentidos, sensaciones y a las emociones, para conocer qué siento y cómo me siento ante lo que me sucede.

Este entrenamiento posibilita la incorporación de la sensibilidad al campo de nuestras habilidades cognitivas, abriendo un espacio a los sentidos, sensaciones y a las emociones, para conocer que siento y como me siento ante lo que me sucede.

 

El entrenamiento de la atención corporal por medio de la concentración de los sentidos en la sensación/emoción vivida, contribuye a captar, mediante la percepción del instante, los objetos externos, pero sin perder la sensación de sí mismo. Esta experiencia muchas veces conduce al despertar de los sentimientos y a la experiencia de la belleza de lo dado.

 

Al mismo tiempo, se instruye a las personas para que adquieran la capacidad de estar haciendo, sin perder la sensación de sí mismos, ni tampoco la relacional (otros/objetos). Para ello, centramos la atención, esencialmente, en el entorno, en la naturaleza y en la acción que realizamos, durante la ejecución de un acto “habilidoso” y en la vida cotidiana, debido a que todo quehacer realizado con atención concentrada (zen) puede ser entendido como arte, según esta estética y, al mismo tiempo, el que así se entrena, deviene en “obra”, en cuanto los gestos de la habilidad realizados por el artista son apreciados por los otros, como movimientos naturales y espontáneos, como el abrirse de una flor.

¿Qué permite su entrenamiento?

También destacamos que la sensación corporal es una vía hacia el desarrollo de la “atención”, y por ende, la puerta de entrada o un primer peldaño que conduce a la plena atención o percepción pura, considerada la naturaleza originaria del ser humano en el daoísmo (una de las filosofías originarias de China). Aclaramos, al mismo tiempo, según esta filosofía, que la “atención” no es la sensación, sino que ésta es un tipo de consciencia,  una “sensibilidad” que se desarrolla en la medida en que nos entrenamos.

Según el daoísmo, la mente originaria o mente reflejo, es quieta, vacía, silenciosa y serena, es decir, es atención o percepción pura, sin intención, deseo o punto de vista. Algo semejante se expresa respecto de la mente iluminada o búdica. El problema estriba en que somos entrenados en nuestras sociedades a administrar contenidos, a tener objetivos y a desear “intensamente” y a partir de esto perdemos nuestra quietud original. Todo esto llena nuestra capacidad perceptiva de “poluciones”, ideas, imágenes o contenidos emotivos que nos impiden “ver” la realidad. La que está teñida por lo que sabemos, queremos o proyectamos en ella, lo que implica estar conectado con el pasado y el futuro de nuestras percepciones o conocimientos, restándonos de la experiencia del presente.

¿Cómo se relaciona con el desarrollo de la atención?
¿Para qué nos puede ayudar?

El método Sātī es una técnica que nos ayuda a permanecer en la actualidad de nuestras percepciones sin finalidad alguna, pues en la práctica misma se comprende el sentido, que para cada uno tiene, este ser en el presente. Podríamos señalar una serie de rasgos asociados a la experiencia estética de “presencia en la existencia”, como la denomina Chantal Maillard o de la “higiene mental” como la define Francoise Jullien.

 

Sin embargo, la experiencia estética, al modo como la estamos planteando, no tiene un objetivo fuera de sí misma, no practicamos Sātī para desestresarnos o para alcanzar la iluminación, porque los objetivos son una limitación para la experiencia. De ahí que los invitemos a un viaje que implicará conocerse en el ámbito de las sensaciones, las emociones y los sentimientos, por medio de un entrenamiento de la mente y el cuerpo, a fin de que ambos puedan dialogar uniéndose en el instante de la experiencia.

La unidad mente y cuerpo es fundamental para situarse no solo en el presente, sino que ella implica para cada uno, el haber entrado en la “experiencia base” de todas la experiencias estéticas, la de la serenidad, denominada shanta rasa en la estética de la India o jìng en la daoísta.

 

Este sabor sereno, que indica la unidad, viene de la experiencia de la purificación de los sentidos producto de la distensión corporal, de la quietud emocional, del silencio mental, en cuanto nuestro ser esencial ha alcanzado el vacío y, por ende, se ha vuelto receptivo a la realidad. La serenidad, es un sentimiento, quizás por ello la estética asiática considera que ésta no es, exactamente, estética, no al modo como lo son las otras, que vienen, afectan y se van dejándonos inquietos, en la vivencia del “me gusta” o “no me gusta”, es decir, situado en un punto de vista.

¿Para qué resulta fundamental?
¿Cómo se relaciona con la sensibilidad?

Si bien la serenidad implica la sensibilidad, es una depurada de todo antecedente, una que abona el terreno para la percepción imparcial de la realidad, que permite experimentar una vibración suave y profunda con un tono o sabor, que transforma el ver en un escuchar, en cuanto trasciende la apariencia de los objetos. Esto se refiere a que este escuchar es a la vez un sentir, cuya principal característica en el estado de neutralidad en que se encuentra la “persona” (unidad cuerpo/mente). El cuerpo neutro, que es la “persona”, donde ocurre la serenidad, actualiza la mente reflejo, aconteciendo la percepción más acá (en el cuerpo), es decir, desde la sensibilidad/atención en el presente y desde la ecuanimidad.

 

Simultáneamente, la “persona” el gozo y la receptividad de la realidad, la que al mismo tiempo, se describe como una vivencia de conexión con el movimiento de ésta. Sentir el movimiento de la realidad desde la ecuanimidad es lo que se entiende, en la estética y teoría del arte asiático, como la vivencia de la belleza. Así, la belleza no está radicalmente en el objeto percibido ni en la capacidad del perceptor, sino en la “conexión” entre ambos, lo que se define como “resonancia”. Así, receptividad, pregnancia y resonancia dan como resultado el gozo de ser en el presente conectado con la belleza/desenvolvimiento de los otros seres con los que se comparte el existir mismo, en cuanto un modo epistemológico que es simultáneamente una sensibilidad.

Por otro lado, destacamos que en la propuesta del camino del arte sino-japonés, la adquisición de una habilidad, que implica el entrenamiento del cuerpo y la mente, tiene como base la contemplación sentada (meditación) y activa (caminata) en medio de la Naturaleza, las que cumplen la función de vaciar de contenidos la mente, tanto como de distender el cuerpo y de aquietar el corazón, a fin de que el artista se haga receptivo a la realidad percibida. De este modo, la apreciación estética del entorno, no solo del paisaje sino de lo que nos toca vivir en la vida cotidiana, será fundamental para el desarrollo de la sensibilidad y de los sentimientos.

Por esto mismo, acentuamos que la práctica artística en sí, por requerir el “uso de la mano” y, del cuerpo, en general, comparece como un ejercicio de contemplación espontáneo, que pone al sujeto y sus contenidos mentales y emocionales en estado de suspenso, de manera que el ejecutor de cualquier técnica, experimenta un estado de unión entre mente y cuerpo, entendido como la verdadera “persona”, en esta estética. Esta experiencia de conexión entre la persona ejecutante y el material, durante el proceso de producción de la manufactura estética (“obra”), es lo que entendemos como, el método “Arte y Cultura”, transmitido por Mokichi Okada.

Según Claudia Raffo, el Método de Arte y Cultura “conduce a la experiencia de conexión en cualquier otra actividad en la vida cotidiana, en la cual se practica el estar presente disponiendo el pensamiento, sentimiento y voluntad, al disponer pensamiento, sentimiento y voluntad en la acción de planchar, o de cocinar para otros, en la búsqueda de realizar, por ejemplo, una cazuela bien hecha y con cariño. Además, propone que el concepto de "camino del arte" en la práctica del ikebana, el té u otras artes, sea integrado como vía de desarrollo personal y de crecimiento espiritual, extrapolándose a cualquiera y todas nuestras acciones cotidianas.

El M.A.C. destaca como practica "la contemplación de la belleza" (natural, arte o acciones humanas bellas) la que conduce a un camino de desarrollo personal, donde la apreciación y la sensibilidad son fundamentales. Promueve como practica el contacto cotidiano con la belleza por su efecto depurador (cuerpo-mente-espíritu); el dónde y en el qué se elija practicar este “contacto cotidiano con la belleza” es parte de la búsqueda y del camino personal. Por ejemplo, practicas desde contemplar la cordillera todos los días al amanecer, a dedicar en una acción solidaria en forma comprometida.

¿Cómo se relaciona con la contemplación?

Claudia Lira Látuz.

 

La palabra Sātī, que designa al Método de Educación Estética, y que ocupamos aquí en lengua pali,  se traduce como “atención” plena o consciencia pura.